¡El derecho a entrar al baño, una lucha por la vida!
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| Protesta en la entrada de la SCJN Foto: Lu Peláez |
“¡Ir al baño no tiene que ser un acto de valentía, no tiene que ser un acto que te podría costar la vida!”. Estas son las palabras que resuenan en mi cabeza al escuchar a Jessica Marjane en la protesta “ Baños sin daños ”, haciéndome recordar la cantidad de veces que he tenido que dejar de tomar líquidos para evitar el miedo que me provoca tener que entrar a un baño. fuera de casa.
Días antes, Juventudes Trans y Equis Justicia lanzaron una convocatoria para una protesta pacífica en la puerta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, haciendo la pregunta: “ ¿Te han discriminado en los baños? ”.
“¡Ir al baño no tiene que ser un acto de valentía, no tiene que ser un acto que te podría costar la vida!”. Estas son las palabras que resuenan en mi cabeza al escuchar a Jessica Marjane en la protesta “ Baños sin daños ”, haciéndome recordar la cantidad de veces que he tenido que dejar de tomar líquidos para evitar el miedo que me provoca tener que entrar a un baño. fuera de casa.
Días antes, Juventudes Trans y Equis Justicia lanzaron una convocatoria para una protesta pacífica en la puerta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, haciendo la pregunta: “ ¿Te han discriminado en los baños? ”.
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| Protesta SCJN Foto: Lu Peláez |
“Las personas trans, no binarias y de género diverso, mujeres indígenas, racializadas, empobrecidas, continúan siendo expulsadas y discriminadas de los baños. Es una urgencia tener baños seguros para todas, todos y todos. Nuestra lucha es interseccional, intercultural, es en defensa de nuestros territorios. Las empresas no pueden tratarnos indignamente… Baños seguros para todas las personas es un llamado a la Corte para que resuelva el caso… Los baños son un derecho, el derecho a la salud, a tener saneamiento, a tener un espacio seguro y libre de violencia ”, dijo Jessica Marjane, directora de Juventudes Trans, en la protesta afuera de la SCJN el 17 de junio de 2024.

Jessica Marjane en la protesta de la SCJN Foto: Lu Peláez
“Las personas trans, no binarias y de género diverso, mujeres indígenas, racializadas, empobrecidas, continúan siendo expulsadas y discriminadas de los baños. Es una urgencia tener baños seguros para todas, todos y todos. Nuestra lucha es interseccional, intercultural, es en defensa de nuestros territorios. Las empresas no pueden tratarnos indignamente… Baños seguros para todas las personas es un llamado a la Corte para que resuelva el caso… Los baños son un derecho, el derecho a la salud, a tener saneamiento, a tener un espacio seguro y libre de violencia ”, dijo Jessica Marjane, directora de Juventudes Trans, en la protesta afuera de la SCJN el 17 de junio de 2024.
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| Jessica Marjane en la protesta de la SCJN Foto: Lu Peláez |
Contexto
El 25 de noviembre de 2015, el mismo día que la ONU declaró como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Jessica Marjane, Alessa Flores (QEPD) y Lía García, tres mujeres trans activistas y defensoras de derechos humanos fueron discriminadas y violentadas en los baños del complejo Reforma 222 en la Ciudad de México, por elementos de seguridad del lugar .
Aquel día, después de haber ido a la marcha, con las reflexiones de cómo las mujeres sufren violencia, con el eco de las consignas de “Ni una más, Ni una menos”, sintiéndose seguros por estar en la Zona Rosa, y habiéndose declarado El 23 de noviembre del 2015, unos días antes, a la Ciudad de México como una ciudad amigable con las poblaciones LGBT+ por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, las mujeres se dirigieron al centro comercial para hacer uso de los baños.
Mientras Lía fue a un establecimiento para atender un asunto de su teléfono, Alessa y Jessica caminaron hacia el área de comida rápida para entrar al baño. Ahí comenzó su tortura. Fueron perseguidas por elementos de seguridad con radios, criminalizándolas no sólo por ser trans, también por ser jóvenes, por su tonalidad de piel, por su perfilamiento racial, por su expresión de género, por no cumplir las supuestas expectativas al no estar vestidas ah doc. para una plaza comercial. Estamos hablando de racismo, clasismo, de cis-sexismo.
A la entrada del baño, después de haber sido escoltadas y perseguidas, personal de seguridad les dijo: “Ustedes no pueden entrar al baño de mujeres porque son hombres”. Ellas reaccionaron diciendo: “¡Somos mujeres!”. Personal de intendencia insistió argumentando: “Es que ellos son muy sucios”. Bajo esta narrativa de suciedad, estigmatizante hacia ellas, generalizada para las mujeres trans que ven como peligrosas, es que se develan los prejuicios y el odio disfrazado cuando eran ellas quienes estaban en peligro, asustadas y temerosas por lo que estaba sucediendo o lo que pudiera. suceder. A las personas que se encontraban fuera del baño esperando entrar les dijeron que no podían pasar porque había “dos hombres adentro”, cuando en realidad se trataba de Alessa y Jessica, dos mujeres que solamente querían hacer uso del baño, como cualquier persona que tiene. la necesidad de hacerlo.
No conforme con eso, les pidieron identificación para que comprobaran tener los nombres que decían. Cabe señalar que en ese momento no contaban aún con su reafirmación de género en sus documentos y, ¡ojo!, esto no es justificación para la discriminación con la que fueron violentadas y humilladas. Una vez que salieron del baño, Alessa y Jessica comenzaron a grabar ya preguntar a las personas de seguridad por qué a otras personas no les pedían identificación para entrar al baño. No les daban razones e insistentemente les pedían que entraran al baño de hombres. Las personas pasaban con indiferencia, como suele mostrarse la sociedad ante una injusticia que “no les toca de cerca”. Lía llegó para auxiliarlas y ahí se dio cuenta que la plaza no tenía un mecanismo para la recepción de quejas ni para escucharlas. Desde ese día, ellas no volvieron a ver los baños de la misma forma, no volvieron a pisar Reforma 222 ni otras plazas; incluso a partir de esa situación tienen miedo de ir al baño, en muchas ocasiones se han tenido que aguantar para no entrar, trayendo como consecuencias daños a la salud, enfermedades de los riñones y de vías urinarias.
Jessica convenció a sus compañeras de poner una queja en el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), donde no se cumplieron las entonces medidas de reparación y satisfacción que pedían. Pese a que ayudó el hecho discriminatorio, la empresa de seguridad privada no instrumentó medidas de no repetición ni de concientización a largo plazo. Fue y ha sido un camino tortuoso que, a casi diez años de lo sucedido, aún no termina.
Un año después, en 2016, asesinaron a Alessa. Joven, trans, activista, defensora de derechos humanos, locutora, soñadora y trabajadora sexual. El 13 de octubre de ese año, un tipo contrató sus servicios e ingresó al hotel Caleta, ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, donde ella acudió sin saber que sería su último día. Este hecho se suma a la problemática que estas tres mujeres, ahora dos, enfrentan en su quehacer diario como mujeres trans; Ese hecho las arroja a un limbo donde la injusticia prevalece en vida y en muerte. Una muestra más de que por parte del Estado no existe un compromiso para castigar a los culpables y que sus mecanismos continúan, hasta la fecha, siendo inoperantes para la prevención, atención, reparación y no repetición de los actos discriminatorios, que son puerta de entrada. para las violencias que sufren, especialmente y en gran medida las mujeres trans. No es casual que México sea el segundo país con más asesinatos de personas de las poblaciones LGBT+ en el mundo. No se puede hablar de justicia cuando el feminicidio de una mujer trans, para el Estado, sólo es una carpeta de investigación; cuando las conductas discriminatorias sólo se quedan como un trámite mal hecho; cuando el código penal 206, que dice que la discriminación es un delito, no garantiza que las personas no ejerzan actos discriminatorios ni que se construyan narrativas en la sociedad ni en los operadores jurídicos ni en las empresas para que se deje de discriminar.
En su búsqueda de justicia, Jessica se encontró con otras voces que también han sido víctimas de discriminación, personas a quienes les han prohibido entrar al baño , testimonios sobre todo de personas racializadas que históricamente se les ha segregado, obstaculizando y estigmatizado, dado que en este país todo lo que no es blanco, es sospechoso, es señalado e incluso es peligroso. Es ahí donde nace la idea de hacer eco con más abogados y pedir ayuda. Una vez que Jessica recurrió a abogados varones, ellos argumentaron que la demanda no iba a proceder “porque eres hombre y no hay manera de demostrar ante un juzgado que tú eres una mujer o lo que digas que eres”… Sí, esas palabras fueron las que recibió de quienes se supone debían apoyarla para que se hiciera justicia.
Fue así que Jessica llegó a Equis Justicia, quienes la escucharon con atención y le brindaron compañía en este proceso. Con ellxs, al lado de Lía y con la memoria de Alessa, ingresaron la demanda, sabiendo de antemano que iba a ser un camino largo.
Lo que encontraron fue revictimización. En el testimonial, la contestación de demanda de la empresa era que estaban defendiendo a las mujeres de las mujeres trans, diciendo que ellas sí eran mujeres verdaderas y ellas eran diferentes, entonces el trato tenía que ser diferente. Cuando llega el turno de Jessica y Lía les hacen declarar y contestar si es que habían nacido como hombres o qué tenían entre las piernas, haciendo la insinuación de que se les revisara para comprobarlo. Eso abordó varias cuestiones traumáticas. Lo más lamentable es que la jueza y la secretaría de acuerdos estuvieron de acuerdo con esa situación, lo cual legitimó esa práctica. Jessica y Lía se opusieron rotundamente y en la primera instancia no se acreditó que hubo daño moral, aunque presentaron peritajes psicológicos que demostraron la afectación. Lo que esperaban era verlas totalmente traumatizadas y sufriendo, dado que en el dictamen decía que habían sido resilientes y como han vivido discriminación en diferentes momentos de su vida, pues que eso era lo “normal”.
De la resolución de ese primer juzgado, las violentadas apelaron esa sentencia donde no se acreditó el daño moral. Posteriormente sí se acreditó la discriminación hacía Jessica, pero no el daño moral y el juzgado resolvió que después de lo sucedido tienen que pagar a la empresa por denunciar y hacer que el sistema jurídico se moviera sin ninguna causa. De ahí que Jessica, acompañada de Equis Justicia, llegaron a la SCJN para que atrajera el caso, el cual quedó en el archivo de la ministra Ríos Farjat en 2020.
El 25 de noviembre de 2015, el mismo día que la ONU declaró como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Jessica Marjane, Alessa Flores (QEPD) y Lía García, tres mujeres trans activistas y defensoras de derechos humanos fueron discriminadas y violentadas en los baños del complejo Reforma 222 en la Ciudad de México, por elementos de seguridad del lugar .
Aquel día, después de haber ido a la marcha, con las reflexiones de cómo las mujeres sufren violencia, con el eco de las consignas de “Ni una más, Ni una menos”, sintiéndose seguros por estar en la Zona Rosa, y habiéndose declarado El 23 de noviembre del 2015, unos días antes, a la Ciudad de México como una ciudad amigable con las poblaciones LGBT+ por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, las mujeres se dirigieron al centro comercial para hacer uso de los baños.
Mientras Lía fue a un establecimiento para atender un asunto de su teléfono, Alessa y Jessica caminaron hacia el área de comida rápida para entrar al baño. Ahí comenzó su tortura. Fueron perseguidas por elementos de seguridad con radios, criminalizándolas no sólo por ser trans, también por ser jóvenes, por su tonalidad de piel, por su perfilamiento racial, por su expresión de género, por no cumplir las supuestas expectativas al no estar vestidas ah doc. para una plaza comercial. Estamos hablando de racismo, clasismo, de cis-sexismo.
A la entrada del baño, después de haber sido escoltadas y perseguidas, personal de seguridad les dijo: “Ustedes no pueden entrar al baño de mujeres porque son hombres”. Ellas reaccionaron diciendo: “¡Somos mujeres!”. Personal de intendencia insistió argumentando: “Es que ellos son muy sucios”. Bajo esta narrativa de suciedad, estigmatizante hacia ellas, generalizada para las mujeres trans que ven como peligrosas, es que se develan los prejuicios y el odio disfrazado cuando eran ellas quienes estaban en peligro, asustadas y temerosas por lo que estaba sucediendo o lo que pudiera. suceder. A las personas que se encontraban fuera del baño esperando entrar les dijeron que no podían pasar porque había “dos hombres adentro”, cuando en realidad se trataba de Alessa y Jessica, dos mujeres que solamente querían hacer uso del baño, como cualquier persona que tiene. la necesidad de hacerlo.
No conforme con eso, les pidieron identificación para que comprobaran tener los nombres que decían. Cabe señalar que en ese momento no contaban aún con su reafirmación de género en sus documentos y, ¡ojo!, esto no es justificación para la discriminación con la que fueron violentadas y humilladas. Una vez que salieron del baño, Alessa y Jessica comenzaron a grabar ya preguntar a las personas de seguridad por qué a otras personas no les pedían identificación para entrar al baño. No les daban razones e insistentemente les pedían que entraran al baño de hombres. Las personas pasaban con indiferencia, como suele mostrarse la sociedad ante una injusticia que “no les toca de cerca”. Lía llegó para auxiliarlas y ahí se dio cuenta que la plaza no tenía un mecanismo para la recepción de quejas ni para escucharlas. Desde ese día, ellas no volvieron a ver los baños de la misma forma, no volvieron a pisar Reforma 222 ni otras plazas; incluso a partir de esa situación tienen miedo de ir al baño, en muchas ocasiones se han tenido que aguantar para no entrar, trayendo como consecuencias daños a la salud, enfermedades de los riñones y de vías urinarias.
Jessica convenció a sus compañeras de poner una queja en el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), donde no se cumplieron las entonces medidas de reparación y satisfacción que pedían. Pese a que ayudó el hecho discriminatorio, la empresa de seguridad privada no instrumentó medidas de no repetición ni de concientización a largo plazo. Fue y ha sido un camino tortuoso que, a casi diez años de lo sucedido, aún no termina.
Un año después, en 2016, asesinaron a Alessa. Joven, trans, activista, defensora de derechos humanos, locutora, soñadora y trabajadora sexual. El 13 de octubre de ese año, un tipo contrató sus servicios e ingresó al hotel Caleta, ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, donde ella acudió sin saber que sería su último día. Este hecho se suma a la problemática que estas tres mujeres, ahora dos, enfrentan en su quehacer diario como mujeres trans; Ese hecho las arroja a un limbo donde la injusticia prevalece en vida y en muerte. Una muestra más de que por parte del Estado no existe un compromiso para castigar a los culpables y que sus mecanismos continúan, hasta la fecha, siendo inoperantes para la prevención, atención, reparación y no repetición de los actos discriminatorios, que son puerta de entrada. para las violencias que sufren, especialmente y en gran medida las mujeres trans. No es casual que México sea el segundo país con más asesinatos de personas de las poblaciones LGBT+ en el mundo. No se puede hablar de justicia cuando el feminicidio de una mujer trans, para el Estado, sólo es una carpeta de investigación; cuando las conductas discriminatorias sólo se quedan como un trámite mal hecho; cuando el código penal 206, que dice que la discriminación es un delito, no garantiza que las personas no ejerzan actos discriminatorios ni que se construyan narrativas en la sociedad ni en los operadores jurídicos ni en las empresas para que se deje de discriminar.
En su búsqueda de justicia, Jessica se encontró con otras voces que también han sido víctimas de discriminación, personas a quienes les han prohibido entrar al baño , testimonios sobre todo de personas racializadas que históricamente se les ha segregado, obstaculizando y estigmatizado, dado que en este país todo lo que no es blanco, es sospechoso, es señalado e incluso es peligroso. Es ahí donde nace la idea de hacer eco con más abogados y pedir ayuda. Una vez que Jessica recurrió a abogados varones, ellos argumentaron que la demanda no iba a proceder “porque eres hombre y no hay manera de demostrar ante un juzgado que tú eres una mujer o lo que digas que eres”… Sí, esas palabras fueron las que recibió de quienes se supone debían apoyarla para que se hiciera justicia.
Fue así que Jessica llegó a Equis Justicia, quienes la escucharon con atención y le brindaron compañía en este proceso. Con ellxs, al lado de Lía y con la memoria de Alessa, ingresaron la demanda, sabiendo de antemano que iba a ser un camino largo.
Lo que encontraron fue revictimización. En el testimonial, la contestación de demanda de la empresa era que estaban defendiendo a las mujeres de las mujeres trans, diciendo que ellas sí eran mujeres verdaderas y ellas eran diferentes, entonces el trato tenía que ser diferente. Cuando llega el turno de Jessica y Lía les hacen declarar y contestar si es que habían nacido como hombres o qué tenían entre las piernas, haciendo la insinuación de que se les revisara para comprobarlo. Eso abordó varias cuestiones traumáticas. Lo más lamentable es que la jueza y la secretaría de acuerdos estuvieron de acuerdo con esa situación, lo cual legitimó esa práctica. Jessica y Lía se opusieron rotundamente y en la primera instancia no se acreditó que hubo daño moral, aunque presentaron peritajes psicológicos que demostraron la afectación. Lo que esperaban era verlas totalmente traumatizadas y sufriendo, dado que en el dictamen decía que habían sido resilientes y como han vivido discriminación en diferentes momentos de su vida, pues que eso era lo “normal”.
De la resolución de ese primer juzgado, las violentadas apelaron esa sentencia donde no se acreditó el daño moral. Posteriormente sí se acreditó la discriminación hacía Jessica, pero no el daño moral y el juzgado resolvió que después de lo sucedido tienen que pagar a la empresa por denunciar y hacer que el sistema jurídico se moviera sin ninguna causa. De ahí que Jessica, acompañada de Equis Justicia, llegaron a la SCJN para que atrajera el caso, el cual quedó en el archivo de la ministra Ríos Farjat en 2020.
¡Corte no te quedes cortas, resuelve con el más alto estándar!
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| Protesta en la entrada de la SCJN Foto: Lu Peláez |
“Nadie tendría que tener miedo por ir al baño. Estamos aquí porque cuantas veces las personas hemos sido obstaculizadas para entrar al baño por cómo lucimos, por cómo nos leen las personas, por nuestra apariencia. Las personas trans estamos tocando la puerta de la Corte en nombre de todas las poblaciones históricamente vulneradas, a favor de los derechos humanos, para que ir al baño no sea tortuoso; para que ir al baño y resolver casos de discriminación sea una garantía. La Corte tiene en sus manos cambiar esa realidad. No se debe de privatizar algo que por necesidad tenemos. Baños seguros para todas, todos y todos es lo que estamos pidiendo. No hay libertad si no hay derechos y acceso a la justicia. Necesitamos que las empresas se hagan responsables, indemnicen cada una de sus acciones. Necesitamos que esta Corte se ponga a la altura y si no pueden que renuncien y si no pueden volver. Necesitamos un diálogo con garantías, con el más alto estándar, porque las trans somos así, las del más alto estándar”, manifestó Jessica durante la protesta.
¿Qué es lo que tiene que hacer la Corte?
Tiene que reconocer que Alessa, Jessica y Lía vivieron discriminación, que se les repara integralmente el daño y no solamente a través de medidas pecuniarias, sino que también sea a través de medidas de capacitación, y que estas sean permanentes y no sean paliativas. Dentro de las medidas procesales piden que se revierta la carga de la prueba, lo que significa, que ellas no tengan que probar que fueron discriminadas, sino que las empresas tengan que probar que no discriminaron, además de generar un estándar sobre los casos de discriminación. , cómo se tienen que abordar y cómo se tiene que abordar el tema de reparación del daño. Que las empresas se hagan responsables del respeto a los derechos humanos. Que se evidencia que no se deben hacer preguntas acerca de sus cuerpos, cómo nacieron o qué tienen entre las piernas.
La Corte tiene que pronunciarse a favor de que las personas no sean discriminadas por su apariencia, por su orientación sexual, por su identidad y expresión de género, por su color de piel, por su situación económica y de vivienda, por su diversidad. si se vive con discapacidad, si se vive con VIH . La corte tiene que garantizar la igualdad y la no discriminación en los espacios públicos y mercantiles. La lucha es porque el baño no sea visto como un negocio, sino como un derecho, el derecho a la salud, al agua, al saneamiento. La exigencia hacia la corte es que resulta con el más alto estándar de derechos humanos. Se solicitan medidas de reparación, no repetición y satisfacción.
Este litigio es importante para todas las personas: para quienes viven en situación de calle, personas negras, racializadas que les han discriminado, personas trans y no binarias que por cómo lucen les han sacado de un baño. Se busca que la Corte no se quede corta, que resuelva, que no dé paso a la arbitrariedad de regresar el caso a un tribunal local donde se pudiera tener un espacio para violentar y revictimizar nuevamente al no reconocer sus peticiones o garantías. Se exige que exista este estándar y que se aplique a las personas trans en términos de igualdad y no discriminación. En términos generales, que no se queda corta la Corte, que no se base solamente en la relación entre particulares, sino que se haga un profundo análisis del contexto. Que se evidencia que una de las mujeres discriminadas ni siquiera pudo llegar a la justicia porque la asesinaron antes.
El 2 de julio, se efectuó vía X (antes Twitter) un espacio donde personas de varias organizaciones civiles, incluido el COPRED, hablaron sobre el tema y lo que se espera de la Corte acerca del caso. Jessica Marjane habló con la voz entrecortada sobre lo que sucedió aquel día y lo que implica emocionalmente recordar algo que aún le es muy vívido, así como las consecuencias de salud que le ha generado.
Otras voces, cómo la de Victoria Sámano , dieron testimonio de que las personas trans han sido discriminadas en los baños, haciendo énfasis en que son las mujeres trans las más vulnerabilizadas. Mencionó también a las personas en situación de calle, que las “razones” de discriminación aumentan por su apariencia, por no tener acceso a ropa y accesorios de acuerdo a su afirmación de género, aunado a su situación económica, su falta de documentos, de vivienda digna, de un trabajo formal dado que, en ocasiones, su sustento es el trabajo sexual.
La directora del COPRED, Geraldina González de la Vega, mencionó que hay varios casos de discriminación en los baños y pocos son los que se denuncian, justo porque no existen las medidas que garantizan la no repetición, de ahí la importancia de que este caso sea resuelto por la SCJN.
“Este caso es extraordinario porque pone en el centro cómo obligando a estos grandes actores con mucho poder a implementar distintas medidas realmente se pueda garantizar que, lo que pasó, no se vuelva a repetir. Esto es algo increíblemente novedoso y que el movimiento trans le está dando al mundo; que Jessica, Lía y Alessa en memoria, le están dando al mundo. Porque esto va más allá de ir a un baño o no, esto va de que estos actores se responsabilicen de los espacios que gestionan e implementan una serie de medidas para que nadie vuelva a vivir lo que vivieron. Coincido en que la Corte no se queda corta, que tome en serio lo que dice la Constitución, que dé sentido a lo que significa la reparación del daño en casos de discriminación, que justo marque la pauta de cómo tomar estos casos para que no sean asuntos entre particulares, que requieren solamente una disculpa, sino una toma de responsabilidad”: palabras de Estefanía Vela, directora de Intersecta, sobre este caso en el X-space ¡Baños sin daños! transmitido el pasado 2 de julio.
“Nadie tendría que tener miedo por ir al baño. Estamos aquí porque cuantas veces las personas hemos sido obstaculizadas para entrar al baño por cómo lucimos, por cómo nos leen las personas, por nuestra apariencia. Las personas trans estamos tocando la puerta de la Corte en nombre de todas las poblaciones históricamente vulneradas, a favor de los derechos humanos, para que ir al baño no sea tortuoso; para que ir al baño y resolver casos de discriminación sea una garantía. La Corte tiene en sus manos cambiar esa realidad. No se debe de privatizar algo que por necesidad tenemos. Baños seguros para todas, todos y todos es lo que estamos pidiendo. No hay libertad si no hay derechos y acceso a la justicia. Necesitamos que las empresas se hagan responsables, indemnicen cada una de sus acciones. Necesitamos que esta Corte se ponga a la altura y si no pueden que renuncien y si no pueden volver. Necesitamos un diálogo con garantías, con el más alto estándar, porque las trans somos así, las del más alto estándar”, manifestó Jessica durante la protesta.
¿Qué es lo que tiene que hacer la Corte?
Tiene que reconocer que Alessa, Jessica y Lía vivieron discriminación, que se les repara integralmente el daño y no solamente a través de medidas pecuniarias, sino que también sea a través de medidas de capacitación, y que estas sean permanentes y no sean paliativas. Dentro de las medidas procesales piden que se revierta la carga de la prueba, lo que significa, que ellas no tengan que probar que fueron discriminadas, sino que las empresas tengan que probar que no discriminaron, además de generar un estándar sobre los casos de discriminación. , cómo se tienen que abordar y cómo se tiene que abordar el tema de reparación del daño. Que las empresas se hagan responsables del respeto a los derechos humanos. Que se evidencia que no se deben hacer preguntas acerca de sus cuerpos, cómo nacieron o qué tienen entre las piernas.
La Corte tiene que pronunciarse a favor de que las personas no sean discriminadas por su apariencia, por su orientación sexual, por su identidad y expresión de género, por su color de piel, por su situación económica y de vivienda, por su diversidad. si se vive con discapacidad, si se vive con VIH . La corte tiene que garantizar la igualdad y la no discriminación en los espacios públicos y mercantiles. La lucha es porque el baño no sea visto como un negocio, sino como un derecho, el derecho a la salud, al agua, al saneamiento. La exigencia hacia la corte es que resulta con el más alto estándar de derechos humanos. Se solicitan medidas de reparación, no repetición y satisfacción.
Este litigio es importante para todas las personas: para quienes viven en situación de calle, personas negras, racializadas que les han discriminado, personas trans y no binarias que por cómo lucen les han sacado de un baño. Se busca que la Corte no se quede corta, que resuelva, que no dé paso a la arbitrariedad de regresar el caso a un tribunal local donde se pudiera tener un espacio para violentar y revictimizar nuevamente al no reconocer sus peticiones o garantías. Se exige que exista este estándar y que se aplique a las personas trans en términos de igualdad y no discriminación. En términos generales, que no se queda corta la Corte, que no se base solamente en la relación entre particulares, sino que se haga un profundo análisis del contexto. Que se evidencia que una de las mujeres discriminadas ni siquiera pudo llegar a la justicia porque la asesinaron antes.
El 2 de julio, se efectuó vía X (antes Twitter) un espacio donde personas de varias organizaciones civiles, incluido el COPRED, hablaron sobre el tema y lo que se espera de la Corte acerca del caso. Jessica Marjane habló con la voz entrecortada sobre lo que sucedió aquel día y lo que implica emocionalmente recordar algo que aún le es muy vívido, así como las consecuencias de salud que le ha generado.
Otras voces, cómo la de Victoria Sámano , dieron testimonio de que las personas trans han sido discriminadas en los baños, haciendo énfasis en que son las mujeres trans las más vulnerabilizadas. Mencionó también a las personas en situación de calle, que las “razones” de discriminación aumentan por su apariencia, por no tener acceso a ropa y accesorios de acuerdo a su afirmación de género, aunado a su situación económica, su falta de documentos, de vivienda digna, de un trabajo formal dado que, en ocasiones, su sustento es el trabajo sexual.
La directora del COPRED, Geraldina González de la Vega, mencionó que hay varios casos de discriminación en los baños y pocos son los que se denuncian, justo porque no existen las medidas que garantizan la no repetición, de ahí la importancia de que este caso sea resuelto por la SCJN.
“Este caso es extraordinario porque pone en el centro cómo obligando a estos grandes actores con mucho poder a implementar distintas medidas realmente se pueda garantizar que, lo que pasó, no se vuelva a repetir. Esto es algo increíblemente novedoso y que el movimiento trans le está dando al mundo; que Jessica, Lía y Alessa en memoria, le están dando al mundo. Porque esto va más allá de ir a un baño o no, esto va de que estos actores se responsabilicen de los espacios que gestionan e implementan una serie de medidas para que nadie vuelva a vivir lo que vivieron. Coincido en que la Corte no se queda corta, que tome en serio lo que dice la Constitución, que dé sentido a lo que significa la reparación del daño en casos de discriminación, que justo marque la pauta de cómo tomar estos casos para que no sean asuntos entre particulares, que requieren solamente una disculpa, sino una toma de responsabilidad”: palabras de Estefanía Vela, directora de Intersecta, sobre este caso en el X-space ¡Baños sin daños! transmitido el pasado 2 de julio.
Buenas noticias… pero esto aún no termina
Días después de la protesta en la puerta de la SCJN, el 23 de junio, la Corte enlistó el caso para dar una resolución, que se llevó a efecto el pasado 3 de julio. ¿Qué pasó ese día? La Corte consideró devolver el caso #BañoParaTodes. Esto significa que lxs ministrxs van a estudiar a profundidad el caso. Esto es una oportunidad histórica para garantizar que ninguna persona vuelva a sufrir discriminación, pueda ser expulsada o amonestada por entrar a un baño en el espacio público por su apariencia, identidad, expresión de género u orientación sexual. Se hace un llamado para que la Corte elabore un proyecto con el más alto estándar; que reconozca que Jessica, Lía y Alessa fueron víctimas de discriminación. Que se pronuncie sobre la universalidad de los baños, para garantizar que sean seguros, accesibles y libres de discriminación para todas, todos y todes.
¡CORTE NO TE QUEDES CORTA, CONTAMOS CONTIGO!
Este texto fue elaborado con información del testimonio de Jessica Marjane, la protesta afuera de la corte (17-junio) el X-space ¡Baños sin daños! transmitido el 2 de julio y las publicaciones al respecto de las cuentas de instagram de Juventudes Trans y Baños para todes. Al cierre de ésta nota se continúa a la espera de la revisión del caso de la corte...
Días después de la protesta en la puerta de la SCJN, el 23 de junio, la Corte enlistó el caso para dar una resolución, que se llevó a efecto el pasado 3 de julio. ¿Qué pasó ese día? La Corte consideró devolver el caso #BañoParaTodes. Esto significa que lxs ministrxs van a estudiar a profundidad el caso. Esto es una oportunidad histórica para garantizar que ninguna persona vuelva a sufrir discriminación, pueda ser expulsada o amonestada por entrar a un baño en el espacio público por su apariencia, identidad, expresión de género u orientación sexual. Se hace un llamado para que la Corte elabore un proyecto con el más alto estándar; que reconozca que Jessica, Lía y Alessa fueron víctimas de discriminación. Que se pronuncie sobre la universalidad de los baños, para garantizar que sean seguros, accesibles y libres de discriminación para todas, todos y todes.




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